19 abr. 2015

[NOTA] Carla Peterson: "En la escena todo es falso"

Entrevista a Carla Peterson. La actriz protagoniza Venus en piel junto con Juan Minujin. "Los actores funcionamos con una disociación completa", afirma sobre su trabajo.


Hay una pesadilla recurrente en la vida de Carla Peterson: después de estrenar un espectáculo, cuando le toca hacer la siguiente función, siente que se olvidó todo lo que ensayó durante meses, que se parará frente al escenario y no sabrá qué hacer. Y justo ahora, mientras hace esta entrevista en un bar del Paseo La Plaza, está en esa situación. Ya debutó y en menos de dos horas empieza la temible segunda función.

"Tengo unos nervios terribles",  le dice a Tiempo Argentino y enseguida reconoce que todo se pasa una vez que pisó el escenario: "Cuando toca la campana, ya está. Es un ring. Y acá no tenés knockout, la pelea es a 12 rounds. Siempre." El combate que da Peterson de miércoles a domingos se llama Venus en piel, la obra de teatro que protagoniza junto a Juan Minujin y dirige Javier Daulte. Si bien, por momentos, entre los dos personajes hay una batalla sadomasoquista, lo que hacen los actores en escena es justamente lo contrario: se complementan y están muy atentos a lo que pasa con el otro. "Hay muy pocos actores como Juan (Minujin), que hace de todo y sin ningún problema. Es elegante, inteligente, puede trabajar cualquier personaje y siempre los va a hacer bien", dice Peterson.

Carla comenzó su formación como actriz en el teatro independiente, de la mano del director Miguel Guerberof, quien la dirigió en varias obras de Shakespeare. Pero por ella pasó el fenómeno de la televisión y algunos romances muy promocionados, que la llevaron a la popularidad y, desde ahí, su carrera se instaló en los productos comerciales y masivos. Sin embargo, en su vuelta al teatro, reconoce que ahora se reencontró con algo de sus orígenes independientes. "Siento que esta obra tiene mucho del off en el que yo arranqué", dice.

–¿Por qué?
–No es tan común la historia. No es una obra típica, que ya se sabe el clásico cuentito que se viene a ver. Es un personaje muy grande para mí, me permite hacer muchas cosas. Para esta obra tuve que investigar, estudiar: hacer teatro, en definitiva. Todos los trucos del teatro los podés aplicar acá, con este personaje. Tuve la oportunidad de afinar mi instrumento.

En la obra, Carla Peterson interpreta a Vanda, una actriz desconocida que se propone lograr el personaje protagónico de Venus en piel, la particular nueva obra que escribe y dirige Tomas (Juan Minujin) inspirada en la novela erótica homónima del siglo XIX de Leopold von Sacher-Masoch, el padre del masoquismo. Pero la audición supera los límites de la prueba y lo que es ficción comienza a volverse realidad. En una mezcla entre teatro clásico y moderno, uno de los temas del espectáculo es el sadomasoquismo, entendido como el placer surgido de someter a otro o de dejarse someter por otro.

–¿Por qué elegiste este proyecto?
–Tenía ganas de dedicarle tiempo al teatro. En la tele uno trabaja mucho con lo inmediato, y resolvés, resolvés, resolvés. Los personajes los vas armando mientras se hacen los capítulos. Pero en el teatro, lo construís en los meses que ensayás. Te preparás para decir palabra por palabra, todo tiene un sentido. Físicamente también tenía que prepararme porque estoy una hora y media en el escenario. Eso, por ejemplo, es una demanda tan propia del teatro independiente, que no tenés ningún lugar donde esconderte y me encanta. En Venus en piel no tengo la posibilidad de salir del escenario. En otras obras estás esperando afuera, que llegue la escena en la que aparecés, mientras estás en el camarín chequeando el whatsapp (risas). Después de cinco meses de hacer la función, si hacés ese estilo de obra, pasa...

–¿Esta obra es distinta?
–Sí. Llegás y hacés un viaje. Todo lo que pasa en escena, es lo que sucede. Durante el tiempo de representación, me olvido de todo lo demás. Creo que al público le pasa lo mismo, nos acompaña desde el comienzo. La obra es una comedia, pero no la trabajamos como tal. El público entiende a los personajes y por lo que están pasando. Además implica el desafío del teatro dentro del teatro. Actuamos una escena y también seguimos actuando la obra en sí. Eso es algo que tiene el teatro clásico. En Hamlet son los actores que interpretan una obra ante el rey. La obra tiene cosas del mundo de los actores, sin ser sólo un chiste interno. No queríamos que fuera una obra de actores. Tampoco que el sadomasoquismo sea el excluyente protagonista. Es una obra que habla del deseo, de los límites, del poder, de la libertad, de darse cuenta de qué es lo que uno quiere o no. Hay miles de temas, que hasta te diría que por función, se pueden trabajar más unos que otros. Por eso me gusta este tipo de teatro, sino me aburriría. Con Juan Minujin somos dos acróbatas y estamos atentos a no soltarle la mano al otro.

–¿Te importa construir una verdad en el escenario?
–Yo parto de la premisa de que todo lo que sucede arriba del escenario es falso. Nunca estás sufriendo de verdad. Hay una verdad, pero es un truco. Los actores funcionamos con una disociación completa. Muchas veces he estado actuando, mientras pensaba en algo de mi casa, por dar un ejemplo. En este espectáculo encontré la vitalidad y el entusiasmo por la actuación que tenía cuando estudiaba.

–¿Es un entusiasmo distinto al de la televisión?
–A mí me encanta hacer televisión, pero es muy poco el tiempo que se actúa, es más el tiempo en el que se prepara cada escena. Una escena dura un minuto, en promedio, tres minutos como mucho y eso sería larguísimo. Ahora ya no es como antes que te estudiabas una escena de diez páginas. Todo está recortado, son párrafos y si te equivocás, paran y se vuelve a hacer. Antes, en la tele, no se cortaba una escena casi nunca, se grababa de otra forma, no se editaba como se edita ahora. Entonces actuabas más tal vez. Pero bueno, ahora de golpe tenés que ser más creativo. Te dan cinco minutos y tenés que hacer lo mejor que podés. El teatro es como un partido de tenis, cada función jugás una gran copa, donde todo tiene su tiempo. Además, esta obra me dio la posibilidad de trabajar con un director, que tenga una visión sobre el material, que tome decisiones, que me ayude, que se dé cuenta cuando no podés. Lo que tiene el trabajo del actor es que todo lo que hacés está mal. Siempre.

–¿Cómo es eso?
–Todo el tiempo estás probando cosas y mientras lo hacés, te dicen: "No… por ahí no." De entrada, está todo mal: no existe un solo actor que pueda hacer todo bien en el primer intento. En general, lo que se hace al principio ni se acerca a lo que el director quiere. Me ha pasado de hacer algo que sentía que era bueno y me decían: ¡No! No sirve. Un director también lleva su estética y su imaginario a la obra. No es nada fácil ser actor. Y no es algo que pase por la formación, un verdadero actor tiene que tener un trabajo sobre sí mismo en serio, profundo. Tenés que trabajar mucho para ser actor. No es que tenés que ser super formado o super talentoso, hay que trabajar y más en el teatro. Tenes que tener disciplina, conducta, ser responsable, estudiar y, además, ser alegre, porque si no es una pesadilla. Es tremendo trabajar con actores pesimistas, uno necesita la vitalidad.

–¿Es doloroso cuando te dicen que no?
–Sabés que es así. Si no estás preparado a que te digan no, no podés trabajar de actor. De todos modos, entiendo que la situación de un casting es muy complicada. Eso le pasa a mi personaje en la obra, que en un momento le dice al director: "¿Vos quién sos para decirme si sirvo o no? No sabés lo que puedo hacer." Yo trato de trabajar sobre las cosas que sé que hago bien. Sé perfectamente que tengo puntos fuertes y débiles, los conozco, pero no soy autodestructiva. Prefiero que lo malo me lo diga otro, yo trato de ser optimista y positiva conmigo misma. Pero como actor tenés que estar preparado para que te digan que no todo el tiempo. El sí también llega. «


Trabajo y maternidad

El 26 de enero de 2013 nació Gaspar Lousteau, el hijo que Peterson tuvo con el economista y candidato a jefe de Gobierno porteño, Martín Lousteau. La actriz reconoce que la maternidad cambió su modo de entender el trabajo, fundamentalmente por el tiempo. "Me costó animarme a hacer una tira el año pasado porque sabía del tiempo que me demandaba. Por suerte, cada vez que me ofrecieron un personaje en tele era mejor que el anterior. Guapas fue una gran experiencia por el elenco, por cómo se filmó, por los libros. Pero fueron muchas horas, que logré sobrellevar sin angustia porque me ayudó mucho Martín y, porque desde la producción, me ayudaban acomodando horarios, o trabajando cerca de mi casa. Si hubiese tenido que viajar una hora hasta mi trabajo, no lo habría hecho porque eran once horas de grabación", cuenta.
Por eso, luego de la experiencia en la tele, eligió el teatro, que también le permite disfrutar más tiempo de su hijo, que ya tiene dos años. Cuenta: "Ni quiero pensar en lo que voy a hacer el año que viene. Con mi edad me doy cuenta de los personajes que no son para mí o que no me interesa hacer." 

El dato

FUNCIONES
Venus en piel se presenta de miércoles a domingo en Paseo La Plaza. Corrientes 1660. 

Las formas del amor y la pasión

Venus en piel es una obra escrita por el estadounidense David Ives. La pieza se estrenó originalmente en el circuito off de Broadway, en enero de 2010 y en Broadway en el Manhattan Theatre Club el 8 de noviembre de 2011. Al poco tiempo, se volvió la obra más producida en Estados Unidos con 22 versiones en el mismo año. Además, en 2012 Roman Polanski dirigió una versión para el cine, protagonizada por Emmanuelle Seigner y Mathieu Amalric.
Dice el director Javier Daulte sobre el espectáculo: "Masoquismo es una palabra que todos tenemos incorporada a nuestro lenguaje, y usamos creyendo saber qué significa. Ensayar Venus en piel de David Ives es ingresar en el universo perturbador de Leopold Sacher Masoch, donde las ideas acerca del amor y de la pasión se alteran hasta alcanzar una violencia emocional inusitada. Por qué alguien se somete a ese grado de sufrimiento y humillación es algo que no tiene una respuesta sencilla. Si es que la tiene. Las formas del amor y de la pasión son múltiples y no son algo que podamos elegir. Somos víctimas de ellas. Y una vez cautivos, los caminos de retorno al mundo de las emociones que conocíamos, parecen desdibujarse. Y eso sí es atributo del amor."






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