18 abr. 2015

[SCAN | NOTA] Clarín • Espectáculos • Peterson: sexo y deseo en escena

Carla Peterson: “Siempre me siento muy expuesta”


Protagoniza junto a Juan Minujín la obra “Venus en la piel”, sobre sadomasoquismo. Dice que le llegó en plena madurez. Y habla de la relación con su marido, el candidato Martín Lousteau.


En un bar del Paseo La Plaza, ahí en la meca del teatro comercial, Carla Peterson está orgullosa de protagonizar en la sala más grande del complejo, la Pablo Neruda. La rubia que viró a un tono más oscuro le pone el cuerpo a la erótica Venus en piel y aclara: “No hay sexo en escena, eh”. A los 41 años, cree que el papel le llega en un momento justo de madurez.

Probada su capacidad para protagonizar tiras exitosas en la pantalla chica (La Lola, Los exitosos Pells y la más reciente, Guapas), Peterson asegura que está ante uno de los desafíos teatrales más grandes de su carrera. Y eso que su palmarés sobre las tablas es igual o más amplio que el de televisión, si contamos su recorrido por el under.

Fue Adrián Suar, con quien había hecho su último trabajo teatral (La guerra de los Roses, hace cuatro años), uno de los que pensó en ella y en Juan Minujín para los únicos dos personajes de esta obra que dirige Javier Daulte. Los tres ya habían compartido elenco en Dos más dos, la película sobre parejas swinger.

A pocos días del estreno, Carla anda con el guión de la obra para todos lados. Desde que fue madre de Gaspar, hace dos años, con el economista Martín Lousteau (casualidades: a una cuadra, en la esquina de Callao y Corrientes, hay un puesto de campaña del candidato a jefe de gobierno de la ciudad), aprovecha cada minuto libre para ensayar y repasar sus líneas.

¿Qué te gustó de la propuesta?
La obra. Mi personaje, no muchas veces te llega un material así para una actriz que tiene tanto para jugar, para investigar. Todo era atractivo. Yo digo que esta obra saca lo mejor mío como actriz, me exige al máximo. Estamos sólo Juan y yo arriba del escenario. No salimos nunca. Somos como dos trapecistas agarrándonos, mirándonos, sin soltarse nunca. Es un trabajo casi artesanal.

¿Es el papel más jugado que hiciste, en cuanto a exposición?
No. Siempre me siento muy expuesta. Pero sí creo que nunca me vieron a mí hacer éstas cosas, sobre todo en el teatro comercial o en la calle Corrientes. Tal vez sí hice algo parecido, pero cuando era más joven. Ahora tengo más herramientas, más experiencia.

¿Cuánto se insinúa de sexo o de sadomasoquismo en la obra?
No hay sexo en escena, eh. Es una obra que habla sobre sadomasoquismo como una excusa para hablar de otras cosas. Creo que cada persona que venga a verla se va a identificar con algo. Es una obra que te queda dando vueltas en la cabeza y que la seguís descubriendo cuando salís del teatro. Es muy provocativa. Todo lo que sucede en escena te provoca.

¿En qué sentido?
No en el sentido de calentarte. Creo que la obra sorprende. Perturba. Como cuando termina un recital, que querés aplaudir, querés gritar. Todo lo que sucede está amablemente contado.

Entonces, ¿no hay mucha escena jugada?
Sí. Ya desde que nos subimos ahí, te aseguro que es más que jugado. Sin duda no me vieron nunca hacer ésto. Jugado ya es hacer una obra de una hora y veinte sin parar. Mucha concentración.

Sinceramente, ¿cuánto sabías de sadomasoquismo antes de la obra?
Nada. Lo que ves en las películas norteamericanas o esos programas que hay en cable. Hay algo que no entiendo por qué.

¿No te abriste un poco a la idea?
No, me abre la cabeza descubrir la época, conocer al autor, qué fue lo que le pasó a la gente cuando la novela se publicó: hablar de una mujer que hace las cosas que hace en esa época, donde las mujeres no tenían libertades ni permisos para nada. Me hizo investigar. Y después lo llevás todo a tu mundo: qué significa, qué resuena para vos. No exactamente en el sadomasoquismo. Pero sí cómo llenar cada palabra de un significado propio y profundo, para que tenga más dimensión la obra, para que la sientas.

¿Te generó preguntas a nivel personal?
No es que investigué sobre el sadomasoquismo. Investigo sobre el autor, la novela. En la obra se habla de sexo, de deseo. Pero no me fui a una clínica de sexo y sadomasoquismo para investigar. Los golpes son los que nos podemos pegar en el escenario con algo de la escenografía. Es mucho más amplia que...

¿Cincuenta sombras de Grey?
Claro, ni cerca. No la vi, pero cuando yo elegí la obra ni sabía de Cincuenta sombras de Grey, porque hace un año y medio me lo ofrecieron. Y cuando empezó a armarse el proyecto se estrenó esta película. Pero es muy distinto lo que pasa.

Pero parece haber una moda de obras eróticas o relacionadas al sexo: “Estás que te pelas”, “Sexo con extraños”.
Esta es una historia de amor. Y a la gente le gusta escuchar historias de amor, o canciones de amor como en Estás que te pelas: el amor posible, el imposible, el que te aparece, el que se rompe. La cosa es cómo lo contás. Y las excusas de esta obra son muy interesantes. No tiene que ver con la moda, para nada. Ni es por eso que se eligió la obra. Se eligió porque fue un éxito y porque es una obra para actores.

A fines del 2014 dijiste que tenías ganas de hacer teatro clásico. ¿Qué pasó en el medio?
Creo que ésta es una buena posibilidad, porque la obra de von Sacher-Masoch, que se representa adentro de la obra, es teatro más poético. Son diálogos con más poesía, no tan cotidianos. De hecho, a mí me costaba más estudiar la letra del director y la actriz que la de los dos personajes de la novela. El teatro antiguo me cuesta menos.

¿Por qué?
Porque tal vez no entiendo lo que quiere decir, entonces lo estudio casi por fonética. Me cuesta más retener los diálogos cotidianos porque son palabritas. Las otras son palabras que tienen otra profundidad, que tal vez en esta época no las entendemos con el significado que tenían en esos años. Eso es lo que me gusta del teatro clásico. Y al memorizar esas palabras, mientras las voy estudiando, las voy entendiendo y las voy llenando. Cierro los ojos y me salen solas.

Cambiando de tema, ¿cómo estás llevando la campaña de tu marido?
Acompañándolo. Estamos los dos trabajando mucho en este momento. Lo veo tan contento como yo con ésto, con desafíos grandes, con seguridad de hacerlo porque le gusta. Me encanta lo que hace y cómo lo hace. Qué sé yo, es política, que es algo que yo entiendo como él de teatro. Le pasa lo mismo que a mí, le gusta cómo lo hago, mis selecciones, con quién me junto para trabajar, nos admiramos. Pero nada más.
No te interesa.
Me interesa lo mínimo, como cualquier persona.

¿Hablás de política en tu casa o con tus amigos?
No. Me gusta hablar de otras cosas, desde tonterías de chicas con mis amigas hasta de teatro. Por suerte tengo estas cosas para hablar. Sino tal vez terminaría hablando de política, que me aburre muchísimo. Me aburre hablarlo con mis amigas, me gusta que lo haga Martín. Qué sé yo. Me gusta hablar de cosas más poéticas, cosas que me liberen de lo cotidiano, de la pelea.

¿Cómo les cambió el día a día la campaña?
Nos acompañamos. Si uno está trabajando mucho, el otro trata de estar más en casa con mi hijo. Los sábados yo ensayaba y él después de hacer una recorrida se quedaba con Gaspar. Nos vamos turnando y acomodando así. Ser madre y actriz es complicado.

¿Cómo es eso?
Porque hay un trabajo del actor en la intimidad, de estudiar, de hablar, de repetir, que yo hago en casa y ahora escucho: ‘mami, mami, vení a jugar’. Y me encierro en un lugar y él sabe que estoy del otro lado, entonces me tengo que ir a un bar, que no es lo mismo. Es raro, porque no es un trabajo que me voy a una oficina y listo. Hay un estudio y una preparación de un actor que nadie ve. El otro día me fui al Botánico y cuando estaba ahí pensé ‘qué pena que no está él acá’. Porque me tienta mucho jugar con él. Eso pasa.

Una obra que creció y también llegó al cine

Basada en el libro del padre del masoquismo, Leopold von Sacher-Masoch (La Venus de las Pieles), la versión norteamericana de David Ives pasó de la escena independiente a Broadway en menos de un año. Luego llegó al cine de la mano de Roman Polanski y la obra se exportó al mundo.
Peterson se pasea vestida de cuero y en portaligas para personificar a Vanda, la actriz que se presenta al casting que convoca Tomas, el director de la obra homónima, y que se sorprende al ver que ella sabe demasiado de la pieza y de su vida.
Peterson habla de la obra: “Son dos personas que se encuentran y se abren a contarse cuál es su deseo más íntimo, sus principios, la vida que quieren. Y uno le propone una cosa más difícil a la otra, y todo va dando vueltas. Es una obra dentro de una obra. En el medio de la historia, ese juego de roles va cambiando y ellos mismos se van metiendo en la obra. Es muy circular, vas entrando en este juego que proponen los dos actores. Y te llena de preguntas, de imágenes, de poesía”, explica.

Twitter, Lousteau y la vida privada

Ella demoró un ensayo para estar (y le grabó un video) en el acto de lanzamiento de campaña en el Gran Rex. El se hizo espacio para aplaudirla desde la primera fila el día del estreno. Son tuiteros activos, pero preservan su intimidad.
En tu último cumpleaños, Martín te saludó por Twitter. Un tierno.
Sí. Me gustó. Tratamos de no hacerlo tanto. Somos más cariñosos en la vida privada.
¿No son de los que comparten el minuto a minuto de sus vidas en las redes sociales?
No. Normal. Mostrarnos para que crean que estamos bien, no. Prefiero que nos vean a cada uno brillando en lo suyo. A veces me contengo de no subir muchas fotos de Gaspar, porque cada sonrisa de mi hijo la pondría en el cielo para que la vea todo el mundo. Pero pienso: ¿para qué?; ¿qué sentido tiene?.











PD: Para leer la nota, es mejor bajar las fotos ;)


1 comentario:

Anónimo dijo...

Linda♥