23 feb. 2016

[NOTA] Entrevista con Carla Peterson y Sebastián Wainraich para la Revista Haciendo Cine • Una Noche De Amor

Con los nervios por saber sobre la obra terminada, Carla Peterson y Sebastián Wainraich se juntaron con nosotros a hablar sobre Una noche de amor. Cómo es escribir y actuar al mismo tiempo, cómo es bancarse una comedia romántica a puro diálogo con escenas largas, cómo es rodar íntegramente de noche y trabajar con un director de cine que además es uno de los directores de esta revista.

BY DANIEL ALANIZ



Si en El crítico la mayoría de los diálogos que había eran entre Víctor Tellez (Rafael Spregelburd) y él mismo, en Una noche de amor prácticamente no hay momentos de soledad de los personajes, y toda la acción se da a través de palabras. Como si estuviera animándose a salir a la luz, Hernán Guerschuny pasó a filmar una película sobre la compañía y hasta, si se quiere, sobre la falta de soledad.

Leonel es un tipo normalísimo, integrado a la sociedad aunque recluido en su círculo familiar; pero tiene amigos, conocidos de trabajo y una madre (Soledad Silveyra) que cuida de los hijos que tiene con Paola (Carla Peterson), una psicóloga mucho menos enigmática y de ficción que la actriz que interpretaba Dolores Fonzi en El crítico. Los dos son una pareja estable que vive una noche inestable, en la que lo cotidiano adquiere la intensidad de los planes cambiados a último momento. Y, como en El crítico, las palabras son importantes.

Hay un momento particularmente gracioso de la película en el que Leonel le pide al empleado de un garage que se haga el ofendido porque él supuestamente no le paga, aunque sí le paga (de más), y lo que en realidad transa es mostrarle coraje y determinación a su mujer. La escena es muy buena porque el humor funciona, pero además porque describe perfecto al personaje de Leonel, que no será valiente pero sí pudo tomar la determinación en ese momento de hacer algo para agradarle a su esposa, a la cual le tiene un amor sincero, tanto como para caer en semejante ridículo en pos de ganarse su respeto. Pero además describe gran parte de lo que es la película toda, con un conflicto que se resuelve a palabra limpia, que amenaza con escándalo pero que encuentra en la comodidad de la compañía, de las secuencias largas compartidas entre dos actores, su lugar en el mundo. Para todo esto fue indispensable –además de la dirección de Guerschuny, que buscó los tiempos indicados, las duraciones y los tonos– la escritura de Sebastián Wainraich, el guionista de la película, además de su protagonista. Y, por supuesto, Carla Peterson, quien sostuvo junto a Sebastián (y, sospechamos, ayudó desde su experiencia frente a cámara) esas largas escenas sobre un auto, esa pelea en el bar, ese crescendo contenido de alguien que se banca al lado a un personaje que la quiere pero que también tiene una miserabilidad de un Ben Stiller sin estallar, bastante parecido al de La mujer de mis pesadillas.

Los actores de una comedia romántica son centrales y definen la película como casi ningún otro tipo de actor. No tiene que ver solo con la tan mentada química (Sebastián y Carla la tienen, y en esta entrevista se nota), sino con comprender bien qué es lo que se cuenta. Mucho más si la película transcurre en un período tan acotado de tiempo, que será una noche pero que tiene que resumir en las palabras, silencios y miradas de los intérpretes años enteros de una relación a cuestas fuera de cuadro, y un futuro que hasta el momento no habían tenido el tiempo de imaginar cómo sería, o cómo quisieran que sea.

Una noche de amor piensa menos que El crítico porque es una película menos neurótica y más madura, y porque sus personajes reflexionan desde una vida activa donde sus palabras y decisiones tienen consecuencias. Para Víctor Tellez esto también era así, como para el resto de los seres humanos, salvo que él no lo sabía, al menos por un largo tramo de la película. Lo interesante es que, de todas maneras, ambas películas hay algo que sí piensan: las posibles formas de la comedia romántica. Y esto, que en Argentina había sido tan ignorado hasta ahora como los cumplemeses en una pareja longeva, es, como mínimo, interesante. Y dan ganas de preguntarle al director por dónde irán, y si continuarán estas particulares búsquedas sobre un género que tanto nos enamora. Lo haremos, seguramente, ya que está en la oficina de al lado.

Sebastián, ¿cómo empezaste a trabajar con Hernán?
Sebastián Wainraich: Vino a presentar El crítico a la radio. A mí la película me gustó mucho y él enseguida me cayó bien. Yo le dije que estaba escribiendo un guion y él me respondió que cuando lo terminara le avisara. Pensé que era para sacarme de encima, pero le avisé y al día siguiente lo leyó, le gustó y nos pusimos a trabajar.


 ¿Él aportó o le diste un guion ya terminado?
SW: Le di un guion terminado, pero después nos pusimos a trabajarlo juntos. Había toda una historia paralela que sacamos, a la que le dimos un montón de vueltas y no nos convencía. Como el personaje de Carla es psicóloga, era un paciente que estaba online toda la noche. Pero la verdad que era más un capricho que otra cosa y le sacaba fuerza a nuestra historia. Para mí la modificación más importante fue esa, tomar la decisión de sacarlo. Eso lo hicimos juntos. Igual, después de un tiempo ya ni te acordás. El otro día vi el primer corte y ni me acordaba de qué era un chiste y qué no. La escribiste, la corregiste, la ensayaste, la actuaste.


Cómo trabajaron secuencias tan largas?
Carla Peterson: Ensayamos un montón. En el auto íbamos nosotros dos solos, alguien te puede decir algo por un handy, pero las indicaciones son escasas. Sabíamos que esas escenas tan largas teníamos que tenerlas muy claras. Y después lo difícil era buscarles los tiempos a las escenas, pero los trabajamos, con ensayo, con dirección. Para mí es mejor porque te da mucho más espacio para actuar.

SW: La película también se toma sus tiempos. Yo creo que hay tres actos. El primero es hasta que llegamos a Catalina, el segundo restaurante. Hasta ese momento somos medio boludos, nos preocupamos por cualquier cosa, y estamos un poco aturdidos por la separación de nuestros amigos.Y es como que no se sabe muy bien qué está haciendo esa pareja esa noche. Pero en la segunda parte nos encontramos en Catalina con un segundo matrimonio y explota todo; ayudados por el alcohol, el cansancio, los amigos, soltamos todo lo que teníamos guardado y se pudre. Y el tercer acto es la reconciliación.


Hay un contraste fuerte entre los tonos de los personajes, un poco cansinos y tediosos, y el de la película, que es cómico, con mucha música y ágil. ¿Eran conscientes del tono formal de la película, que se diferenciaba del de sus actuaciones?
SW: Creo que fue una decisión que fuimos tomando. Al principio era todo a los gritos: “¡Seba, despertate!”. “¡Que me despierte qué, no estoy durmiendo, ¿qué querés?!” (risas).

CP: Era un riesgo que fuese una comedia disparatada; aunque no tenga chistes disparatados, a veces en la actuación los hacés. Y todo eso tratamos de evitarlo, sobre todo Hernán, que quería que la gracia de la película fuese por otro lado, y que incluso las pausas fuesen más graciosas que los momentos de mayor acción. Nosotros nos reíamos porque pensábamos que tal vez estábamos siendo no aburridos pero sí muy calmos, después de tanto hablar y hablar. Y eso tuvo que ver con la dirección de Hernán, más que nada.


¿Vos tenías desde el principio la idea de escribir una comedia?
SW: Sí, una comedia dramática. A mí lo que me atraía era no hacer ni el principio ni el final de una pareja. Esto es una fotografía de un momento de una pareja, de un día más, que es rutinario: estar sin los chicos, salir a comer algo, ver a algún amigo y volver a la casa. Pero acá pasa algo diferente. Se separan los amigos y ellos se enfrentan a la soledad de estar cara a cara. ¿De qué hablan, cómo se divierten? Más los satélites de los nenes, la madre de mi personaje, un retraso que tiene el personaje de Carla

CP: ¡Un atraso, no un retraso! (Risas).

SW: Bueno, hay una vecina también, que me mueve el piso.


Y también hay un personaje que está llorando y no sabemos por qué.
SW: Ah, eso es buenísimo.

CP: Eso es para mostrar que los personajes están retirados de toda la movida, como que pasan cosas que les son ajenas y que no entienden muy bien, como si ese restaurante fuese un lugar extraño.


¿Hay algún personaje en el que se hayan inspirado, sobre todo Sebastián, que quizás tiene menos experiencia? ¿Algún personaje que te sirviera de guía?
SW: Sí, referencias tengo, pero me da un poco de vergüenza decirlas. La clave fue el coucheo con Mey. Obviamente estaba la tentación de Woody Allen, de EthanHawke en las películas de Linklater, de Ben Stiller, un montón. Hay que tener cuidado, no sentirse abrumado, no pensar mucho en eso y meterme en el guion a ver qué encontramos con Hernán, con Mey. Y también te das cuenta de que una cosa es el guion y otra es llevar eso a la realidad. Te vas imaginando algo pero puede ser otra cosa. Y la virtud de la película es que no parezca escrita.


Y ese es un desafío mayor, porque en este caso hay muchos diálogos.
SW: Muchos. Eso pasaba todo el tiempo:había cosas que estaban escritas y las cambiábamos todo el tiempo. ¿No, Carla? Nos hicimos muy amigos con Carla.


¿Y vos cómo llegaste, Carla?
CP: Me llamó Hernán, y yo como lo conocía a Sebas me copé.

SW: ¿De dónde me conocías?

CP: De que sos famoso (risas). Después fui a verlo al teatro y nos hicimos amigos. Pero cuando leí el guion me gustó un montón, y me sorprendió que él escribiera algo así. Muchas veces pasa que te mandan comedias que no sabés para qué están. Te dicen que son comedias, pero no te reís cuando las leés. Y cuando te ponés a inventar cosas divertidas para que la película funcione, ya no me interesa. Pero esta vez leí y fue muy divertido de por sí. Y después nos reunimos, pero no soy muy buena en las reuniones.


¿Qué pasó?
SW: Estuvo tres horas para decir algo que no quería hacer.

CP: Y, pero es que no sabía qué funcionaba y qué no, pero tenía que hacer un karaoke con una canción de Pimpinela, era un quilombo y no me gustaba.

SW: Estuvo bien, igual, no daba. Después de la escena con Rafa Spregelburdy María Carámbula, que hace todo un monólogo, ir a cantar no cerraba, era demasiado.


¿Y vos, Carla, aportaste algo, aunque sea desde la experiencia personal de tener esa misma edad, ser madre y estar en pareja?
CP: No, al guion propiamente dicho no le aporté nada. Sí, como ellos son dos hombres, quizás daba un punto de vista femenino.

SW: Para mí lo que tiene de bueno la película es que cuenta algo muy universal, pero se mete de lleno en el mundo de la pareja. Entonces hay generalidades, pero al mismo tiempo es algo muy único. Es un poco lo que decía antes, esa idea de una noche en particular. Eso le da cierta originalidad.


¿Tiene un final feliz o triste? ¿Los personajes terminan haciendo lo que quieren?
SW: Está buena esa pregunta que hacés. Para mí sí, no sé qué opina Carla.

CP: No sé si es feliz o no, es tranquilo, como que ya está.

SW: Para mí sí; eligen hacer lo que hacen, estar juntos, con sus hijos. Pero después de tanto tiempo, tantas idas y vueltas de la vida, tampoco es óptima la forma en que se puede estar, es la posible. Hay que ver qué pasa en la segunda parte…


¿Va a haber una segunda parte?
SW: A mí me gustaría.


No suele haber segundas partes en el cine argentino. ¿Van a buscar la nena en la continuación?
SW: Noo. Una nena más actuando, no. Es un quilombo.

CP: Después terminás todo el rodaje jugando, haciendo muñecos, no tenés tiempo para nada.


¿Esto de filmar de noche lo tenían planificado?
CP: ¡No! (risas). Vos no sabés lo difícil que es eso. No es lo mismo que ir a filmar afuera, que te desentendés de todo; acá tenés familia, hijos, horarios, trabajos, y tenés que cambiar todo en función del rodaje. Eso sin tener en cuenta los avatares, los días de lluvia, alerta meteorológico, todo era al revés de como estaba planificado. Yo había preguntado si íbamos a hacer el auto en estudio o en exteriores y al final salió exteriores porque consiguieron una tecnología especial, nunca usada acá, así que hubo que hacerlo así. Y encima eran trayectos larguísimos, y se nos cruzaba gente, era un quilombo.


¿No cortaban la calle?
SW: No, no, y encima pasaban cosas raras. Una vez pasó uno y nos gritó: “¡Aguante Videla, hijos de puta!”. Porque encima era a la madrugada, entonces en la calle quedaba lo peor. Critiquemos un poco a Hernán: una vez teníamos que grabar una escena de interiores en un departamento y quiso hacerla de noche.

CP: Yo lo quería matar.

SW: Pero igual un poco lo entendía, porque la película la hacés una vez, y después eso queda para siempre. Pero es fuerte, porque después de estar hasta la madrugada yo duermo unas horas y tengo que buscar a los chicos e ir a la radio, y no te recuperás hasta que terminás el rodaje.

CP: Yo tenía teatro, encima. Y hasta dos funciones. Igual quedó buenísimo y lo disfrutamos. Y el equipo, buenísimo: nos abrigaban, nos mimaban…


¿Cuánto fue de rodaje?
SW: Cinco semanas, cuatro de noche y una de día. Cuando terminamos el rodaje, Carla me regaló un libro de Scorsese buenísimo en el que cuenta cómo se hizo AfterHours. Obviamente la filmó toda de noche, pero lo gracioso es que la edición y el montaje también lo hizo de noche.


¿Qué piensan de las comedias locales actuales?
SW: Me parece que hay algo de no estar desesperado por hacer reír que está bueno: es más importante hacer una película que esté bien y que además sea una comedia. Y que hacer reír no sea el objetivo más importante, porque lo más posible es que no lo logres si se ve la monería o la ocurrencia. Entonces me parece que si hacés una película que sea linda, y contás una historia, más allá de reírte vas a pasarla bien.


¿Y qué tal Justina Bustos?
CP: Yo la quería matar. No la conocía y, cuando llegó a grabar, hasta ahí yo era la única chica. Y de repente la veo y digo: “¿¡Qué?!¡Me lo hicieron a propósito! ¡Yo cuando era joven era más linda!” (risas). Toda hermosa, con el pelo corto, no lo podía creer. Para mí fue una maldad, estaban todos contentos, revoloteando por todos lados. Y ella comía palitos de la selva, tremenda.

SW: ¡Es que es chiquita! Y Solita, una genia. Muy involucrada, además, con muchas preguntas sobre el personaje.


Y no para de comentar el desastre climático de Atlanta que ve en la tele.
SW: Sí, claro, una metáfora dedicada a mí.


Sebastián, esta es la primera vez que escribís cine. ¿Pensás seguir?
SW: Sí, me encantó. Tengo dos proyectos, una segunda parte y otra cosa. Igual Hernán me dijo que no me crea que es tan fácil. Empecé en 2014 a escribirla película y ya estamos por estrenarla. Rapidísimo.



Una noche de amor

Hernán Guerschuny

Estreno: 25 de febrero

2016 / Argentina / 88 minutos

Disney

Vía Haciendo Cine

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